Agua

Récord Cruce a Nado el Río de la Plata, Mayte Puca

septiembre 14, 2026 — by Andar Extremo

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Agua

Récord Cruce a Nado el Río de la Plata, Mayte Puca

septiembre 14, 2026 — by Andar Extremo

El 15 de marzo de 2026, Mayte Puca unió a nado Colonia del Sacramento (Uruguay) con Punta Lara (Argentina) en 9 horas, 6 minutos y 31 segundos, batiendo el récord femenino de la travesía. Su marca quedó a solo 15 minutos del récord masculino, consolidando una hazaña histórica en aguas abiertas.

Entrevista a Mayte Puca por Andar Extremo, fotos Mayte Puca

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¿Empezaste a nadar de rebote por una lesión?
En aguas abiertas empecé a competir hace más o menos 10 años. Ahora tengo 27. Antes competía en pileta y me metí en la natación por temas de salud, a raíz de una lesión permanente que voy a tener de por vida. Nadar me va a acompañar siempre para evitar que esa lesión empeore. No habrá una mejora como tal, pero sí me permite frenar el deterioro.

¿Y qué lesión tenés, podés contar?
Luxación de cadera por mala praxis en el parto. Esa es la historia: tuve cuatro cirugías que salieron mal, desde los 11 meses hasta los 5 años. Estuve enyesada, imposibilitada de caminar, y la rehabilitación siempre fue la natación. Oficialmente empecé a caminar recién a los 7 años. Mi primera cirugía fue a los 11 meses, y al año y medio ya me llevaban a la pileta para hacer rehabilitación. Ahí aprendí a dar mis primeros pasos. Desde entonces la natación se convirtió en mi rehabilitación de por vida. Me dijeron que una quinta cirugía era demasiado riesgosa: podía dejarme en silla de ruedas. La cadera quedó tan dañada que la única manera de evitar un mayor deterioro era nadar, que se transformó en mi mayor fortalecimiento. Todo lo que implique impacto o flexibilidad —correr, saltar— me debilita más. Hago gimnasio como complemento, pero con mucho cuidado, porque no tengo la misma movilidad que otros. El problema está en la pierna izquierda: con la derecha puedo hacerlo todo y levantar mucho peso, pero la izquierda es un desastre.

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¿Te lo tomaste mucho más que en serio?
Nunca lo vi como un sueño ni como algo abstracto, fueron objetivos que fueron apareciendo. Yo realmente quería cruzar el Río de la Plata, nada más. A mí me gustan estos desafíos, hacerlos bien, y lo iba a cruzar con todo, con lo que el cuerpo me diera.

¿Cuáles fueron tus primeras travesías?
Esta fue mi primera travesía. Sí, tuve competencias de ultra distancia: hace unos tres años que me vengo preparando para kilometrajes de 20, 30, 40 o 50 kilómetros, pero siempre en competencia. Para mí esto fue una experiencia nueva, porque tenía que hacerlo sola: manejar los ritmos sola, la cabeza sola. Fue una muy buena experiencia. Estuve en disociaciones que jamás me habían pasado nadando. Además nos tocó un buen día: pude nadar de noche, ver el amanecer y después nadar bajo un solazo. Para mí todo eso fue ganancia.

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¿Cuál fue esa disociación que tuviste?
¿Sabés qué me pasó? Nunca me pasa. Cuando estás en alto rendimiento, a veces perdés un poco ese toque: te saturás, te cansás, aparece ese amor-odio con la disciplina. Yo siempre fui de competir, de mirar tiempos, ritmos. Pero hubo un momento, a la mañana, que disocié. Salí a las 4:40 y como a las 8 sentí paz. Hice una respiración profunda, inhalé muy hondo, y de repente no tenía ningún bote al lado, estaba sola nadando. Me duró uno o dos minutos, pero me fui de este mundo: estaba solamente nadando, escuchando mi respiración, y sentí una calma, una paz que hacía muchísimo no sentía. Fue como una conexión. Creo que con el río, con la naturaleza, con lo más básico del ser humano. Estás en el medio de la nada, nadando, y sos parte del todo. Llegás a un punto en el que entrás en ese limbo, en esa energía rara pero hermosa. Me pasó más tiempo en el agua y fue un placer poder sentirlo.

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¿Cómo fue toda esa estrategia de preparar un cruce así?
Me lo ofrecieron en noviembre. Matías Solá, de Nadando Argentina, me propuso hacerlo y me dio la posibilidad de ir a buscar el récord. Yo le dije: “Perfecto, me encanta el desafío”. Así que en diciembre empecé a prepararme con ese objetivo. Tuve una Santa Fe–Coronda en el medio, que usé como entrenamiento, además de otras competencias en Santa Fe. Fueron varias carreras en las que ya estaba mentalizada con el cruce. Para mí el desafío no era tanto lo físico —sabía que lo iba a soportar— sino la mente, porque nadar sola sin competencia era algo que nunca había vivido. Si bien entreno sola y mi entrenador está a la distancia, eso me ayudó a preparar la cabeza. Pasaron varios eventos, con un volumen de entrenamiento muy duro. Hacer una Santa Fe–Coronda, una carrera de 60 kilómetros como preparación, es pesado. También tuve una lesión en el medio, así que la exigencia corporal fue máxima. La ventana de cruce estaba prevista entre el 14 y el 17 de marzo, porque mi entrenador —que es de México— podía venir en esas fechas. Después quisieron pasarlo a abril, que parecía mejor, pero yo ya estaba preparada y todo estaba planeado. Tener a mi entrenador en la lancha era un plus: me daba tranquilidad y paz. Si me tocaba un mal día y debía terminar en 12 horas, lo haría en 12 horas. Finalmente, había dos días buenos: sábado 14 y domingo 15. El tanteo mostraba olas a favor, aunque un poco más complicado al final. Teníamos viento norte clavado y condiciones de océano, con olas que empujaban.

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¿El escenario era el mejor posible?
Sí. Empezamos bien: a las cuatro de la mañana las primeras olas me llevaban volando. Después se complicó un poco porque el viento empezó a tirarme más de costado, entonces tenía que ir y volver, ir y volver, y se volvió bastante difícil. Por eso la salida fue de madrugada: sabíamos que alrededor de las dos o tres de la tarde se iba a levantar un viento fuerte en contra, y tenía que llegar antes de eso. No tenía problemas ni miedo de nadar de noche. Al contrario, es un placer. Vi el amanecer, fue hermoso. Al salir, el reloj marcaba las 4:40, así que estuve dos horas nadando en la oscuridad sin inconvenientes. La complicación llegó después de las 7 horas 50 minutos de nado: los tobillos ya no daban más, el cuerpo tampoco, y había que seguir metiendo. Sabía que la última hora iba a ser dura, por la contracorriente, porque varios nadadores me habían contado que ese tramo era el más complicado de la travesía. Ya venía mentalizada para eso, dosificando bastante para poder apretar en la última hora. Y salió bastante bien. Estaba muy cerca, quería bajar las nueve horas, ese era el plan con mi entrenador. Pero el río manda. Quizás mi cuerpo no aguantó del todo: en los últimos dos kilómetros ya no daba
más, venía haciendo muchas cuentas.

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¿Qué papel fundamental tiene la cabeza en una travesía. ¿Cómo era lo de las cuentas?
Iba 25 kilómetros en 5 horas y media, todavía me quedaba bastante y venía a buen ritmo. Entonces empecé a hacer cuentas con promedios y variables, me imaginaba diferentes opciones y me puse a calcular frenéticamente. Me saturé: sumaba, restaba, proyectaba… y al mismo tiempo me divertía, porque era como una competencia conmigo misma. Al final pensaba: “Bueno, llevo 7 horas y me faltan unos 6 kilómetros. En una pileta lo hago en 1 hora 20, pero acá en el río, si se complica, capaz me lleva 1 hora 35. Estoy para bajar las 9 horas”. Y así iba, y el tiempo se me pasaba volando. Me ponía micro-objetivos: cada 20 minutos me decía “listo, ¿qué hacemos en estos 20 minutos? Patear más, estirar la brazada, concentrarse”. Eso me mantenía enfocada. También me entretenía imaginando lo que hacían los chicos en la lancha, qué hablaban, qué comentaban. Vas viendo todo lo que pasa alrededor y te divertís sola. Al final, el cuerpo va… el tema es entretener a la cabeza.

Estás en el medio de la nada, nadando, y sos parte del todo. Llegás a un punto en el que entrás en ese limbo, en esa energía rara pero hermosa. Me pasó más tiempo en el agua y fue un placer poder sentirlo

¿La alimentación la planificaste vos o tuviste ayuda?
Hubo un tema con la alimentación. Yo tenía un plan, lo estudié y se lo presenté a mi entrenador, y dijimos: “Listo, vamos con ese”. Pero pasó que Pablo Testa, el fiscal del cruce, nos dijo: “Vamos a reducir todo porque necesitamos ahorrar tiempo”. Así que terminé comiendo apenas tres o cuatro veces en toda la travesía. Me morí de hambre. No me deshidraté porque el agua estaba a buena temperatura, pero sí tuve mucha hambre. Confié en mi entrenador. La calidad de lo que yo había propuesto se respetó, lo que no se respetaron fueron los tiempos. Generalmente nunca como en las carreras; esta fue la primera vez que comía nadando. Lo había probado antes en otra competencia para ver si me caía bien: geles y banana con miel. Buscaba algo que pudiera masticar y tragar rápido. El tiempo para hidratarme no debía superar los 10 segundos. Lo practicamos antes: preparaban un palo con un vaso en la punta y me daban un pedazo de banana mojado en miel. Metía la mano, lo sacaba y listo. La bebida era maltodextrina, sales, aminoácidos, todo lo que se pudiera digerir bien. En esta ocasión elegimos una botella de plástico atada con un hilo al palo. Yo chupaba rápido, cinco segundos, la soltaba y mi entrenador la rescataba, porque no se puede agarrar del borde de la lancha. En total comí cuatro o cinco veces, aproximadamente cada dos horas.

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¿Y vos cada cuánto lo habías planificado?
Cada 45 minutos, pero era mucha pérdida de tiempo. Quizás hubiera sido algo positivo: si me daban todas mis comidas, tal vez habría tenido más fuerza, más energía… nunca lo sabremos. Nos arriesgamos y, de todas formas, me sentí bastante bien. Pero cuando llegué, sí tenía hambre y se sintió el desgaste.

¿En todo momento sabías que ibas a batir el récord y lo tenías en la cabeza?
El plan con mi entrenador era pasar los primeros 10 kilómetros en dos horas. Si manteníamos ese promedio, al llegar a los 40 kilómetros en ocho horas nos quedaba una hora y media para batir el récord femenino y una hora para el masculino. Entonces sabíamos que ese era el objetivo: llegar en ocho horas a los 40 kilómetros. Mientras nadaba, me hidrataba cada media hora. Pero cuando pasaron dos horas y solo había hecho seis kilómetros, me bajoneé: sentí que no estaba avanzando nada y pensé “chau”. Con el tiempo, como a las seis horas, ya llevaba 28 kilómetros y me animé de nuevo. No como me hubiese gustado, pero íbamos bien. En la última hora, el fiscal me dijo: “Venís muy bien para el récord femenino, vamos a buscar el récord masculino”. Y ahí pensé: “Listo, vamos a buscar el récord masculino”.

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¿Cuánto es el récord masculino?
El récord masculino es de 8 horas, 51 minutos y 46 segundos. A mí me faltaron apenas 15 minutos para alcanzarlo. Quince minutos… nada, es nada. El récord lo tiene Matías Díaz. Dos días antes lo llamé para pedirle consejos y me dio un montón de tips. Después me escribió para felicitarme, es un genio. Nos conocemos desde que competíamos en pileta, así que compartimos bastante en lo que es la distancia y siempre nos acompañamos. Yo sabía que 8 horas 51 era un tiempo complicado. Bajar las 9 horas, romper esa barrera, para mí ya era un montón. Nos faltó poquito.

¿Qué opinaba la familia de esta hazaña?
Creo que desde que me metí en la ultradistancia ya no lo podían creer. Muchos médicos me habían dicho que era imposible que lo hiciera, incluso que era imposible que estuviera caminando. Yo no tengo articulación: camino solamente gracias a los ligamentos y con muy poco músculo. Entonces, el hecho de nadar ya es un montón. Poder competir en copas del mundo y ahora lograr esto era como coronar todo lo que vengo trabajando.
Mi familia me vio entrenando, me vio enyesada, me vio tener que esforzarme más. Incluso ahora agregué un entrenamiento extra, porque sé que tengo una desventaja y que tengo que dar más. Ellos también fueron parte de ese proceso, de toda la exigencia que nos metimos.
Cuando les dije: “Tengo ganas de hacer esto, ¿me apoyan?”, lo entendieron. Ese apoyo emocional es fundamental. Me dijeron: “Sí, intentálo, te vamos a apoyar. Tenemos miedo, porque es un desgaste muy fuerte, pero confiamos en que lo vas a hacer bien”. No lo podían creer, ni siquiera sabían que iba a tener la posibilidad de cruzar. Para mí era un mundo.

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¿Te sorprendió la repercusión periodística?
Sí, ni me lo imaginaba. Ya cuando lo anunciaron, que “Nadando Argentina” puso: Mayte Puca va a buscar el récord, pensé: “qué presión”. Era un montón, pero ya estaba metida en el juego y había que jugar. El hecho de terminarlo y ver que tanta gente lo siguió fue increíble. Obviamente, acá en la ciudad lo siguieron mucho, eso era esperable. Afortunadamente la comunidad barilochense me acompaña desde que soy chica. Pero lo que no esperaba para nada era que la repercusión llegara a diferentes partes del país, y que además fuera tan bien recibida. Todos los comentarios fueron positivos, el acompañamiento fue enorme, y eso tampoco me lo esperaba.

¿Qué pensaste cuando estabas llegando?
Estaba con mucha ansiedad de llegar. Me iban haciendo la cuenta regresiva: “faltan 1500”, “faltan 800”… y después me dijeron: “faltan 300”. Fueron los peores 300 metros de mi vida, no llegaba más. Me señalaban el paredón y yo seguía nadando, veía que estaba el fiscal marcando la meta, pero no podía pararme. Cuando ellos me indicaron, me detuve: me llegaba un poco más abajo del pecho. Les decía que la altura del río varía mucho, y también influye mi altura, porque soy muy chiquita. A él le llegaba a la cintura, a mí más arriba. Además, el oleaje me tiraba hacia atrás, eran varios factores a tener en cuenta. Lo primero que pensé fue: “Bajé el récord femenino”. Estaba súper contenta, aunque lo único que tenía en la cabeza era comer, porque tenía mucha hambre. Después me dijeron que había sido el segundo mejor tiempo de la historia, que incluso había superado a Damián Blaum. Eso fue un montón, me puso muy feliz. Sentí que había hecho un gran cruce. Sé que siempre hay un plus más que podría haber dado, pero quedé muy contenta con todo: con el cruce, con el recibimiento, con cómo me cuidaron. Soy muy agradecida con los nueve muchachos que me acompañaron: me alentaban, me grababan, me sostenían. Sin ellos, la experiencia hubiera sido completamente distinta.

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¿Cuánto tiempo entrenás?
Va dependiendo de la etapa en la que estemos, de las cargas, del macro o del microciclo. Generalmente hago nueve sesiones de agua por semana, tres de musculación y dos de bicicleta. La bici la uso más que nada por el tema de mi cadera. También trabajo mucho la flexibilidad, aunque no puedo manejar demasiado la de cadera; entonces nos enfocamos en lo que mejor me sale: la fuerza y flexibilidad de brazos. Tengo mucha fuerza en brazos y espalda, y aprovechamos esa ventaja sobre otras nadadoras. Igual entrenamos cadera y piernas, pero siempre potenciando lo que me distingue. A veces el volumen semanal va de 70 a 80 kilómetros, y puede llegar a 90 o incluso 100. Es muchísimo. Los domingos suelo ir al lago y hacer entrenamientos de aguas abiertas, aprovechando los lagos de Bariloche.

¿Tenés algún proyecto para el futuro?
La verdad, no sé. Es medio complicado, no pensé llegar tan lejos. Con esto que hice ya me dicen que no necesito hacer más nada en natación. Este desafío apareció de repente, sin que lo esperara. Cuando terminé el circuito mundial de ultradistancia el año pasado, gané las cuatro fechas. Y me pregunté: “¿Y ahora qué hago?”. No pensé que me iría tan bien, y enseguida apareció lo del cruce. Yo voy esperando que los desafíos aparezcan. Si bien tenemos algunas ideas de repetir, a mí no me gusta mucho repetir cosas. Pero si surge un desafío fuerte —ya sea por la temperatura, la distancia, la exigencia o el nivel— ahí voy a estar.

Tiempos de Todos los Cruces a nado del Río de la Plata
1° Matías Díaz, Arg, 16/03/2024, 8h 51m 46s
2° Mayte Puca, Arg, 15/03/2026, 9h 06m 31s
3° Gustavo Oriozabala, Arg, 27/12/1993, 10h 30m
4° Damián Blaum. Arg, 2015, 10h 58m
5° Karina Figini, Arg, 2005, 11h 40m
6° Santiago Artaza, Arg, 2021, 11h 35m
7° Guillermo Bertola, Arg, 2016, 11h 20m
8° Cecilia Biagioli, Arg 2016, 11h 45m
9° Joaquín Gómez, Arg, 2023, 11h 45m
10° Eduardo Sturla, Arg, 2001, 11h 45m
11° Nicolás Ricciardi, Arg, 2019, 11h 50m
12° Franco Bertola, Arg, 2022, 11h 50m
13° Fernando Terrilli, Arg, 12/03/1995, 11h 50m
14° Pilar Geijo, Arg, 2015, 11h 55m
15° Martín Carrizo, Arg, 2018, 11h 55m
16° Ignacio Piaggio, Arg, 2023, 12h (oficial ACNRP)
17° Agustín Rodríguez, Arg, 2017, 12h 05m
18° Lucía Gauna, Arg, 2021, 12h 05m
19° Sofía Biagioli, Arg, 2020, 12h 10m
20° Diego Degano, Arg, 2002, 12h 10m
21° Florencia Cañete, Arg, 2019, 12h 15m
22° Matías Ola, Arg, 2014, 12h 15m
23° Camila Arregui, Arg, 2023, 12h 15m
24° Julieta Ramírez, Arg, 2022, 12h 20m
25° Juan Martínez, Arg, 2020, 12h 25m
26° Patricio D’Ottavio, Arg, 29/12/1997, 12h 29m
27° Federico Zerbini, Uru, 2017, 12h 30m
28° Valeria Salinas, Arg, 2018 12h 40m
29° Equipo Platense (relevo), Arg, 02/2026, 12h 40m
30° Cristian Delgado, Arg, 2004, 12h 50m
31° Javier Cardoso, Uru, 2026, 13h (oficial ACNRP)
32° Nora Toledano, Méx, 2003, 13h 05m
33° Oscar Samurio, Uru, 21/03/1998, 13h 36m
34° Claudia Fernández, Uru, 21/03/1998, 13h 59m
35° Daniel Scott, Uru, 05/03/1983, 15h 07m
36° Jorge Conte, Arg, 23/03/1983, 15h 17m
37° Alejandro Quincke, Uru, 27/03/1997, 15h 20m
38° Jorge Crivillés, Esp, 2026, 15h 37m
39° Osvaldo Suárez, Arg, 01/02/1983, 15h 45m
40° Gustavo Castiglioni, Arg, 2026, 16h 04m
41° Ángel Viera, Arg, 28/02/1945, 22h 18m
42° Daniel Carpio, Per, 28/01/1945, 22h 52m
43° Lilian Harrison, Arg, 21/12/1923, 24h 10m
44° Luis Garramendy, Arg, 19/01/1924, 25h 12m
45° Olindo Riquelme, Arg, 25/03/1926, 25h 30m
46° Vicente Arena, Arg, 13/02/1943, 32h 50m