Montañismo

ACONCAGUA DOS INTENTOS DE RECORD EN UNO, Matías Sergo Pezoa

marzo 4, 2026 — by Andar Extremo

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Montañismo

ACONCAGUA DOS INTENTOS DE RECORD EN UNO, Matías Sergo Pezoa

marzo 4, 2026 — by Andar Extremo

El 22 de febrero, mientras Nicolás Verdugo, atleta mendocino, intentaba lograr su récord en el tramo Horcones-Cumbre-Horcones, su compañero y amigo, el experimentado Matías Sergo Pezoa, buscaba junto a él bajar el récord Mulas-Cumbre-Mulas. Dos días más tarde, Matías realizó un nuevo intento, pero el cansancio y el clima le jugaron una mala pasada. Pese a no obtener resultados en cuestión de tiempo, quedó lo más valioso: una nueva experiencia.

Texto y fotos Matías Sergo Pezoa

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El 19 de febrero de 2024, Matías Sergo Pezoa (actual récord 360º) logró el récord de ascenso desde Plaza de Mulas a la cumbre en 3 horas 20 minutos, y el récord Mulas-Cumbre-Mulas en 4 horas 36 minutos. Un año después, el multirrécord Tyler Andrews lo superó en el tiempo total por 40 segundos, con una marca de 4 horas 35 minutos 20 segundos. No obstante, no pudo bajar las 3 horas 20 minutos del ascenso de Matías. En un nuevo intento por mejorar el tiempo, esta es la historia de ese desafío.
Para Matías la experiencia de este 2026, fue alucinante. Nunca antes había acompañado a un deportista en la búsqueda de alcanzar un objetivo tan exigente. Matias llevaba ya dos temporadas trabajando junto a Nico de Porter en Lanko Altas Montañas, y el objetivo de Nicolas era consolidárse como un atleta consumado.

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En enero, Nico le planteó la posibilidad de intentar el desafío Horcones-Cumbre-Horcones. De inmediato comenzaron a gestionar el permiso necesario para el récord. A partir de allí, todo se desarrolló de manera cercana y constante: al compartir el trabajo diario, podían conversar sobre cada detalle, desde cómo mejorar los tiempos hasta la alimentación e hidratación más adecuadas.
Matías descubrió en Nico a un ser meticuloso, habituado a este tipo de desafíos y capaz de planificar con precisión cada aspecto de la travesía. Esa dedicación y disciplina marcaron el camino de un intento que, más allá de los resultados, dejó en claro la magnitud del compromiso y la pasión de ambos por la montaña.

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Primer Intento
Nico partió el 22 de febrero a las 3:45 de la madrugada desde Horcones. Alcanzó el campamento base de Plaza de Mulas apenas cuatro horas después de haber iniciado la marcha. A las 8:02 emprendió el camino hacia la cumbre, manteniendo un ritmo excelente. Acompañado desde Mulas por Matías que lo asistía porteando agua y algunos objetos personales —botas, campera y otras pertenencias—, lo que permitió avanzar con mayor ligereza.
El ritmo fue notablemente rápido hasta Canadá y sólido hasta Cólera. A partir de allí comenzaron a mermar un poco la velocidad, aunque se mantenían firmes. Llegaron a la cumbre tras más de diez horas de ascenso. Nico estaba motivado y feliz de haber alcanzado la cima, en un trayecto largo en el que ambos se alentaban mutuamente. Cuando él mostraba signos de cansancio, recibía palabras de ánimo de Mati que lo ayudaban a sostener el esfuerzo, especialmente porque los tiempos aún lo dejaban con chances de alcanzar el récord argentino de Pablo Gasparini, fijado en 15 horas 40 minutos.

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Sin embargo, la bajada se complicó. El frío intenso, aunque sin demasiado viento, le irritó las vías respiratorias y le provocó tos, dificultando la respiración. Esa condición lo obligó a reducir la velocidad y le impidió trotar, una habilidad en la que suele destacarse. Físicamente estaba entero, pero la molestia respiratoria lo limitaba.
Finalmente descendieron a Plaza de Mulas, aunque ya sin posibilidades de alcanzar el récord. Allí fue revisado por Valentina, quien evaluó su estado de pulmones y garganta. Más tarde, en el puesto de guardaparques, los médicos confirmaron que se trataba de una irritación importante pero sin gravedad. Con esa tranquilidad, Nico decidió continuar el descenso hasta Horcones.
Tras 19 horas y media de esfuerzo, Nico llegó al punto de partida. Estaba muy contento: la experiencia había sido alucinante. Al día siguiente descansó en Horcones y luego subió en helicóptero, lo que permitió reencontrarse rápidamente con sus compañeros. Aunque en el fondo no quedó del todo satisfecho con el tiempo logrado, sí lo estuvo con haber cumplido semejante objetivo. Un verdadero titán.

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Segundo Intento
Con respecto a su segundo intento de Matias, aquel su objetivo —impulsado además por el apoyo de un nuevo sponsor, OS20 Fast and Light— era bajar el tiempo del tramo Mulas-Cumbre-Mulas, fijado en 4 horas 35 minutos. No lo logró. Había acompañado a Nico el 22 de febrero y, tras un solo día de descanso, el 24 emprendió su primer intento. Más tarde comunicó en redes que posiblemente haría un segundo, consciente de que no había descansado lo suficiente, aunque se sentía con energía y motivación. Si salía, sería fantástico. No fue el caso.
El cansancio apareció apenas llegó al Campo Canadá, el Campo 1. Desde Plaza de Mulas ya sentía la fatiga: los cuádriceps estaban cargados y aún quedaba más de la mitad del recorrido. Sin embargo, quería probarse, darlo todo en caso de que no hubiera otra oportunidad, ya que el clima podía impedir un nuevo intento. Aprendió mucho del camino: no descendió por el Gran Acarreo, que ahorra dos kilómetros, sino por la ruta normal, lo que le demandó más tiempo. Las condiciones de la montaña eran hostiles: frío intenso, hielo, y poca posibilidad de elegir días favorables. La montaña parecía “enojada”.

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Aun así, salió con buen ritmo. Llegó rápido a Canadá y hasta Cólera avanzó con firmeza, deteniéndose apenas una o dos veces para hidratarse y respirar. En Berlín el ritmo decayó, y desde Independencia hacia arriba las pausas fueron más frecuentes. La bolsa de hidratación se congeló, lo que limitó su consumo de agua. No obstante, al ser un intento relativamente corto, la deshidratación no fue determinante; lo que lo afectó fue la pesadez del cuerpo y la falta de descanso pleno.

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Alcanzó la cumbre en 3 horas 48 minutos. El frío era intenso y apenas había siete u ocho personas en la montaña, a quienes terminó superando. Se tomó algunas fotos, pero al comprobar que no había bajado el tiempo, comprendió que sería difícil lograrlo en la bajada, ya que no pensaba usar el Gran Acarreo. Decidió entonces descender lo más rápido posible por la ruta normal, para comparar tiempos con su intento anterior. El resultado confirmó el aprendizaje: por el acarreo se baja mucho más rápido, mientras que la ruta normal demora demasiado. Con 28 minutos más en la subida y dos kilómetros extra en la bajada, la meta se volvía casi imposible.
Aun así, consideró que había sido un día valioso. Para la próxima ocasión planeaba descender por el Gran Acarreo, aunque estuviera nevado y duro, porque sabía que esos dos kilómetros menos podían darle minutos clave y más chances en un nuevo intento, si lo hubiera.

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